jueves, febrero 2

Recuerdo roto de una vida

No recuerdo exactamente que época era, mucho menos el año, sin embargo hay cosas que permanecen muy claras, como si hubiera pasado ayer pero esto fue hace mucho tiempo, quizá más de lo que te puedas imaginar, cuando la mente del hombre estaba cerrada ante algo "sagrado" y algo "maligno", los hombres nos perseguían, perseguían a seres que en la antigüedad fueron considerados como dioses por algunas culturas y demonios por otras siendo de esta última manera el motivo por el cual éramos cazados hasta la muerte, no todos éramos iguales, cada quien tenía algo que lo distinguía de los demás, como a todos los seres humanos, sin embargo esto no era comprensible para ellos.
Aun recuerdo aquella noche, me encontraba en la tranquilidad de mi hogar, una pequeña y acogedora cabaña situada en medio de un bosque ubicado en las colinas de un pequeño pueblo, yo solía pasar la noche mirando al cielo, siempre he amado el increíble y mágico escenario que muestra la luna iluminando el cielo junto con las estrellas, esa noche sentía una extraña nostalgia a la cual no encontraba explicación alguna, sin embargo continué mirando aquel hermoso cielo esperando a los primeros rayos de sol que indudablemente anunciaban el alba. 
Casi toda mi vida la pasé mezclado con los humanos, hasta la fecha tengo pocos recuerdos de haber destruido a alguno de ellos o haber sido cruel y para ser sincero no se en que momento mi vida cambió y decidí dejar de hacer daño, pero no importa, el pasado ya es pasado. 
Es preciso mencionar que aun siendo una buena persona nunca fui sociable con los seres humanos por temor a caer de nuevo en aquella oscura adicción, sin embargo mantenía una agradable relación con una familia de campesinos, de momento no recuerdo sus nombres pero se componía por un hombre y una mujer los cuales me trataban como parte de su familia y un adorable pequeño de entre 8 y 10 años de edad aproximadamente y aunque suena un poco descabellado puedo decir que él era mi mejor amigo, aquel pequeño añoraba ser como yo y yo siempre me preocupaba por mostrarle cosas nuevas para que el aprendiera a ver la vida de otra manera, es todo lo que recuerdo de ellos.
Mis recuerdos no están claros de lo que sucedió en la mañana del día siguiente y escribir algo sería alterar la realidad de lo que pasó, lo cual no me parece aceptable así que les empezaré a narrar desde mi siguiente recuerdo mas claro. 
Había llegado el atardecer, la poca luz que emanaba el sol era una desventaja para mi, ya que iluminaba los bosques y escapar me resultaba más complicado, yo corría rápidamente entre el bosque mientras una multitud enfurecida me perseguía gritando con instrumentos de trabajo, palos y antorchas en las manos, estaba asustado pues después de unos años me habían descubierto completamente desprevenido. Al principio no tenia un rumbo definido, simplemente quería escapar de aquella multitud que sin duda alguna deseaba obtener mi muerte, pero después por mi cabeza pasó el despedirme de la familia que anteriormente les mencioné, pues yo no podría volver en un futuro y cualquier excusa era buena para marcharme así que cuando creí perderlos detrás de una colina cambié mi rumbo hacia el pueblo, al llegar ahí entré rápidamente a su cabaña y para mi sorpresa estaba vacía así que entre preocupado y asustado decidí rápidamente buscarlos en ese pequeño pueblo, caminé en su búsqueda pero así mismo el pueblo parecía haber sido saqueado pues por ningún lado podía ver a alguien, todo estaba muy raro y en un instante vi a una multitud ubicada en el centro del pueblo, yo me acerqué cautelosa y sigilosamente hasta que observé a aquella familia, atada a unos postes de manos y pies mientras los demás gritaban que si el monstruo no aparecía ellos pagarían por haberme cubierto tanto tiempo, sin embargo ellos no sabían nada, para ellos siempre fui como todos. Al escuchar eso pensé en el pequeño y en todo lo que aquella familia me había ofrecido sin nada a cambio y decidí que no podía ser así, me acerqué a aquella multitud y mencione:
-Aquí estoy, déjenlos.
Enseguida ellos me rodearon y hubiera sido muy sencillo pelear y escapar pero no podía dejarlos allí, así que pedí que los desataran y a cambio yo me entregaría sin hacer nada en absoluto y así fue, después de tomarme entre varios hombres, liberaron a los tres y comenzaron a describir cosas horribles que me arían, mientras me llevaban hacia el centro, todo lo que decían conducía a la muerte. Recuerdo como la madre del pequeño decía a gritos que me soltaran y aun no puedo olvidar como el padre del mismo pedía otra oportunidad para mi, sin embargo nadie los escuchaba, el pequeño estaba muy asustado y de pronto comenzó a llorar, no recuerdo como me dieron la oportunidad de despedirme de la familia, así que ellos se acercaron a mi y nunca olvidare los ojos llenos de lagrimas de aquellos padres que me consideraban un hijo diciéndome que esto no debería ser así y que los perdonara, yo no dije nada, cuando el pequeño se acerco pedí que me soltarán diciendo que estaba completamente rodeado y que de ninguna manera podría escapar, así que me soltaron, enseguida abracé al pequeño y le dije que me tenia que ir, el me dijo que el me iba a esperar y cuando regresara fuera a jugar con él, no pude y no puedo evitar derramar algunas lagrimas cuando recuerdo esto, sin embargo yo le respondí que nunca volvería porque me iría lejos, el comenzó a llorar mientras decía: -Lawtek, no te vayas, yo solo levanté su carita con mis manos y lo miré a los ojos diciéndole que no llorara, enseguida metí una de mis manos a mi bolsillo y saque una pequeña bolsa con una especie de polvos de un tono morado la abrí y saque un poco de ellos en mi mano y le dije que esos polvos eran mágicos, que tenia que cerrar los ojos y desear con todas sus fuerzas algo que el quisiera, después los arrojara al cielo y viera como brillaban con la luz le mencioné que ya era tarde y no iba a poder admirar el brillo de ellos, que lo hiciera a la mañana siguiente, entusiasmado sonrió y me dijo que cuando regresará me iba a enseñar lo que deseo, en ese momento los hombres comenzaron a jalarme y le dije al pequeño:
-Anda debo irme ve con tus papás y no olvides los polvos. Le dí la bolsa entera y el corrió hacia sus padres, los hombres comenzaron a atarme y lo último que recuerdo de haber visto fueron dos objetos puntiagudos apuntando uno directamente a mi cara y otro al pecho en ese momento yo cerré los ojos, apreté mis puños y deseé que ese instante no fuera el final.

No hay comentarios:

Publicar un comentario